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Composición corporal del organismo
El estudio de la composición corporal del Organismo (CCO) tiene cada día  mayor interés clínico. Es cierto que no es una  disciplina nueva, pero conocer el estado anatómico, molecular y tisular de los distintos componentes del cuerpo, tiene un valor muy estimable, en el campo de la nutrición, donde ha demostrado su aplicación clínica.
Conociendo la CCO se puede evaluar el estado nutricional del individuo así como la respuesta del organismo ante los alimentos aportados y el trabajo físico desarrollado Es por consiguiente muy útil para las personas que van a someterse a dietas de adelgazamiento. Esta información actualmente se puede cuantificar, registrar y almacenar para comparar los datos obtenidos con exámenes posteriores. 

El estudio de la CCO, es básico para valorar el efecto que tiene los regímenes dietéticos de adelgazamiento y para evaluar el crecimiento de los niños y jóvenes y por fin es  fundamental para el seguimiento de patologías como: Obesidad, diabetes, malnutrición, anorexias.

El paso inicial en la evaluación clínica  de la CCO es la medida de peso y talla del individuo con lo se calcula el Índice de Masa Corporal (IMC). Este se obtiene muy fácilmente  dividiendo el peso del individuo (Kg) entre la medida de la talla al cuadrado (m2).

La importancia de conocer los contenidos de grasa y proteínas es de capital interés en la nutrición, puesto que estos componentes son las grandes reservas de energía y estructura del organismo. El  compartimiento de la masa magra está compuesto en un 80% por músculos esqueléticos y está compuesto por  proteínas, tejido conjuntivo, colágeno, piel y agua. En el hombre la masa magra llega a ser máximo alrededor de a los 35 años; en las mujeres se mantiene hasta los 45 años pero a partir de esta fecha comienza a descender aunque de manera más lenta en los hombres.

Existe una muy buena relación entre el IMC y el compartimiento de la  grasa corporal. Con este índice (IMC), que ya hemos visto más arriba se obtiene una clasificación mundialmente bien reconocida.

Bajo Peso. <18,5. Poco riesgo de contraer enfermedades cardiacas, vasculo arteriales o metabólicas.
Normal. 18,5-24,9. Similar al anterior. Riesgo normal
Sobrepeso. 25-29,9: Existe un cierto riesgo de padecer las patologías vasculo arteriales (ictus, infartos
Obesidad. >30,00
Obesidad I (30-34,9) Confiere un riesgo moderado
Obesidad II (35-39,9). Riesgo severo
Obesidad III. >40 Riesgo muy severo

¿COMO INFLUYEN EN MI CUERPO LAS  GRASAS?
Hoy en día se sabe que el tejido graso, además de ser una reserva de lípidos, es un órgano endocrino que produce una variedad de hormonas y citoquinas que regulan el metabolismo e influyen en la CCO. Incluso en los últimos años se le está valorando como fuente de células madre adultas.

La distinción entre grasa y tejido adiposo en el lenguaje corriente es indistinguible pero en el campo de la CCO y en el metabolismo, "Grasa" y tejido adiposo (TA) son términos diferentes, y su distinción es relevante  cuando se cuantifica la masa grasa o se estudian sus características metabólicas.

El tejido adiposo conocido como grasa parda o marrón a causa de su color entre marrón claro y oscuro, está formado por unas células (adipocitos). Su función principal es producir calor, bien sea para la termorregulación o para regular el balance de energía.
El tejido adiposo común, blanco o amarillo (grasa blanca). Su color  blanco depende o de la dieta, dependiendo de la cantidad de carotenos ingeridos. Estas células adiposas blancas además de uniloculares son muy grandes. Esta variedad es una acumulación de lípidos con el fin de almacenar energía y es la causante de la obesidad y sobrepeso así como de los otros problemas de salud derivados de ellos. La masa grasa aumenta entre los 40-50 años, tanto en hombres como en mujeres y continúa aumentando hasta los 70-80 años y hay un factor de redistribución ya que a lo largo de la vida va acumulándose en mayor cantidad en el tronco y en los órganos peri viscerales que en las extremidades.

La masa grasa es el elemento que más puede modificarse de la CCO ya que puede variar en una persona desde un 60 hasta un 10% si pasa por distintas fases de obesidad y delgadez. La grasa blanca es un depósito de lípidos y de energía El Tejido Adiposo está influenciado por dos sistemas fisiológicos: Uno  asociado a la  regulación del peso del individuo en el llamado “a corto plazo” y controla el apetito y el metabolismo de manera cotidiana. Este sistema viene determinado por la actividad de dos hormonas peptídicas antagónicas que se sintetizan en el aparato digestivo; una de ellas es activadora del apetito, la ghrelina sintetizada y liberada por las células del estómago y la otra es el péptido y secretado en el ilio y en el colon e  inhibidora del apetito. El otro sistema es el regulador del peso “a largo plazo”. Controla el apetito y el metabolismo de manera continúa por meses y años. En este sistema la leptina y la insulina son las hormonas encargadas de modular el apetito y el metabolismo de grasas y carbohidratos. La insulina regula la concentración de glucosa en la sangre y el metabolismo del tejido adiposo. La síntesis de la leptina ocurre principalmente, en el tejido adiposo blanco La cantidad de triglicéridos almacenados en el adipocito es proporcional a la cantidad de leptina producida por cada adipocito. Por esta razón, los niveles circulantes de leptina son proporcionales a la cantidad de grasa corporal.

En la grasa parda el equilibrio, entre el depósito y la movilización de los triglicéridos está influenciado por el sistema nervioso y hormonal. El primero se hace por el sistema nervioso autónomo por lo cual la inervación de la grasa parda es mayor. En cualquiera de los dos tipos de tejido adiposo, las terminaciones nerviosas liberan noradrenalina, que estimula la actividad en los adipocitos de una lipasa con el fin de hidrolizar los triglicéridos y poder liberar ácidos grasos libres fuera de la célula. 

La grasa se acumula en el cuerpo humano dependiendo del sexo constituyendo los caracteres sexuales secundarios. En la mujer se acumula en las mamas, caderas, glúteos y en los muslos y en el hombre en la nuca, el abdomen, y en las nalgas. 

La obesidad se caracteriza por un exceso de masa grasa y sus riesgos asociados se deben en parte a su localización y en parte a la cantidad total de la misma. En algunas formas de obesidad la distribución grasa es generalizada mientras que en otras es principalmente abdominal. Las consecuencias metabólicas de su distribución tienen una particular importancia clínica. Por ello, se precisa identificar, como puede hacerse por DXA un compartimiento de tejido adiposo mórbido y actuar sobre él. 

Se ha comprobado que la grasa acumulada en exceso y que resulta dañina en la enfermedad vascular es la grasa abdominal y sobre todo la intraabdominal y perivisceral que se asocia a enfermedades como Diabetes,  Hipertensión arterial, Hiperlipemias, Hipotiroidismo, Enfermedad Coronaria y Cerebro Vascular y a la disminución de los niveles de colesterol de alta densidad (el llamado comúnmente colesterol bueno). Se ha  postulado que el mecanismo fisiopatológico subyacente en todos ellos está condicionado por alteraciones metabólicas de las grasas depositadas en la región abdomino visceral.

Como es bien sabido las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en la población adulta. En la etiopatogenia de esta enfermedad, la disfunción del endotelio arterial se considera una manifestación precoz de la arteriosclerosis. Las causas desencadenantes son principalmente alteraciones biomecánicas que aumentan a causa de la hipertensión arterial y a la que se suman otros factores de riesgo como la hipercolesterolemia, el tabaco, las aminas vaso activas y los  inmunocomplejos. De cualquier forma la hipercolesterolemia está considerada como un factor principal en el riesgo de la arteriosclerosis. 

El comité de expertos de la Organización Mundial de la Salud, en 2008 (OMS-FAO) sugirió que el rango aceptable de consumo de grasa de la dieta debe estar entre el 15 y 35% de la energía total diaria en la población general y entre 20 y 35% en las mujeres en edad reproductiva y en aquellos adultos que tengan un IMC < 18,5 kg/ m2. Es decir la grasa total en una persona sana y adulta no debe proporcionar más de un 35% de la energía  diaria.

Las mujeres con sobrepeso absorben calcio con mayor eficacia al tener un aparato óseo de remodelación más sensible a la hormona paratiroidea
Una disminución brusca de peso, sobre todo en mujeres además de las alteraciones metabólicas conlleva a una disminución de la masa ósea. 
La mujer premenopáusica que tiene aproximadamente un 56% de masa magra o libre de grasa y después de la menopausia baja hasta un 50%. 
En la anoréxicas la masa ósea está a dos puntos de desviación por debajo de la media estadística estimada.

Hoy en día es imprescindible para adecuar una dieta, conocer la distribución y porcentaje del tejido adiposo en el organismo; ello ayudará en gran medida al éxito en el tratamiento, dado que se podrán aplicar dietas personalizadas, dependiendo del estado previo al tratamiento y no sólo de una balanza de peso.
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